Análisis debate España
August 31st, 2008El debate sobre el Parque Biblioteca España ha generado varios temas de interés y la intervención de varios participantes. Algunos de estos temas y las personas involucradas han sido:
- Copia como procedimiento proyectual, Reciclaje de arquitecturas de la vanguardia internacional. Guillermo Fischer, Enrique Uribe, Isaac Broid
- Fallo de jurado de la BIAU, Superficialidad y metalenguaje de los juicios. Benjamín Barney, Sergio Trujillo, Leonardo Rodríguez, Enrique Larrañaga, Willy Drews, Gonzalo Correal
- Crítica, Ausencia de crítica, Necesidad de la crítica, Competencia crítica, Definición de la crítica. Benjamín Barney, Enrique Larrañaga, Felipe Hernández
- Edificios como espectáculo formal, Proyectos exhibicionistas y faltos de originalidad, Arquitectura de marca, Primacía de la imagen. Willy Drews, Mauricio, Pinilla Guillermo Fischer
- Arquitectura propia, Arquitectura nacional, Ideología sobre lo propio. Identidad. Mauricio Pinilla, Hugo Mondragón, Felipe Hernández.
- Buena arquitectura, Arquitectura perdurable, Arquitectura ambiental. Willy Drews
- Arquitectura y ética. Ricardo Castro, Guillermo Fischer, Mauricio Pinilla
- La arquitectura de Salmona, Otras arquitecturas, Salud arquitectónica, Traición a la patria. Hugo Mondragón, Jorge Pérez, Camilo Restrepo
- Debatir con obras, Debatir con palabras, Sanidad del debate. Hugo Mondragón, Gonzalo Correal.
- Internacionalizar la arquitectura. Hacer arquitectura nacional. Arquitectura con identidad, Arquitectura colombiana, Arquitectura propia. Todos los participantes.
-Etc. La lista no es exhaustiva pero creo que da una idea de la variedad de intereses.
Como seguidor del debate en Esfera Pública y como lector de las diferentes argumentaciones, pienso que en términos de participación las cosas han sido muy desiguales, por cuanto los ataques a la biblioteca han sido más fuertes, numerosos y contundentes que las defensas. Aunque en medio de los comentarios se encuentra con frecuencia la afirmación de que el verdadero debate no es “tal tema” sino “tal otro tema”, esta breve lista evidencia que no hay tal cosa como un verdadero y un falso debate, sino un conjunto de temas de interés, todos susceptibles de constituir un debate autónomo. Por ejemplo:
Sergio Trujillo y Benjamín Barney critican severamente al jurado de la BIAU por la pobreza de criterios y lo oscuro del lenguaje utilizado para explicar el fallo. Guillermo Fischer y Enrique Uribe critican un aspecto particular del proyecto, el hecho de que se presente como experimental y vanguardista cuando en realidad les parece la reelaboración de una idea-imagen de David Chipperfield. Hugo Mondragón y Gonzalo Correal critican a quienes exigen que los arquitectos tengan necesariamente que escribir, cuando la escritura debería permanecer como una opción. Jorge Pérez y Mauricio Pinilla critican las orientaciones, o la falta de éstas, tomadas por el tema de lo regional y lo ambiental.
Mi interés en este ir y venir de juicios y opiniones sobre la biblioteca España ha sido generar opinión pública; es decir, promover la discusión de la arquitectura como un asunto público, en especial cuando se discuten obras financiadas con recursos públicos. Aunque esto no ha sucedido en la medida que lo esperaba, mi intención continúa siendo la de promover una batalla argumentativa guiada por una concepción de opinión pública según la cual sólo son válidas las argumentaciones con criterios de justificación racionales y públicos –preferiblemente escritas– que permitan aceptar o refutar una opinión. . Aprovecho entonces mis desacuerdos con los argumentos de tres participantes extranjeros que han salido en defensa del edificio para expresar algunas opiniones sobre lo que se ha dicho en este desigual debate. Entre los pocos que han salido en defensa del edificio y del fallo, Miquel Adriá, Antonio Toca y Rafael Patalano, lo han hecho sobre la denuncia de un concepto de identidad que consideran inadecuado. Yo también lo considero inadecuado pero por motivos completamente diferentes a los que estos críticos alegan como causa para la mala comprensión del edificio y del fallo.
En respuesta a las críticas de Barney y Trujillo, uno de los miembros del jurado, Antonio Toca, comienza por aclarar que todos los integrantes son calificados y honorables; a continuación ratifica punto por punto lo mismo que estaba dicho en el acta: que el edificio es un gran ícono que cumple además un gran papel político social, y que cumple a cabalidad con los requerimientos de la convocatoria. Aunque en términos de los criterios de juicio y los motivos para elegir esta obra en particular no agrega nada a lo ya dicho en el fallo, las afirmaciones de Toca sí revelan dos elocuentes problemas.
Toca reconoce haber modificado o al menos haber afirmado su opinión cuando comprendió la importancia política del proyecto: “creo que esa obra y las demás del programa social que realizó el gobierno de Medellín es asombrosa y me dio mucho gusto que se premiara esa obra. Yo estuve renuente a hacerlo; sin embargo, al darme cuenta de que era una de esa obras, apoyé el premio.” Reconoce, además, que le sorprende lo que considera una preocupación innecesaria en Colombia por un tema irrelevante como que el edificio se parece a otro: “personalmente me importa poco este parecido. Creo que si lo hay, sería lamentable… Creo que las analogías, o las copias en arquitectura es un asunto vergonzoso que no se menciona, como los pecados de la familia.”
Por esta respuesta deduzco que Toca no conoce, o no conocía en el momento del fallo, el edificio premiado; como tampoco tiene presente en el momento de escribir el proyecto para Hong Kong sobre el cual se está haciendo referencia a la utilización no reconocida de una “fuente”. Su respuesta da a entender que le parecieron suficientes los argumentos a favor de la potencia icónica del edificio y su importancia política; con lo cual también resulta evidente la poca importancia dada a un aspecto como la experiencia o vivencia del edificio; privilegiando en cambio los aspectos simbólico y político con los que se respaldó el fallo. La respuesta evidencia también que a Toca, y posiblemente a los otros miembros les fueron suficientes las fotos, planos y textos, tal como se juzga un proyecto académico o un concurso de proyectos; y no como se esperaría que fuera juzgado un edificio, es decir, como un hecho material, vivencial, ambiental y espacial, además de simbólico y político. A diferencia de “el proyecto” en el cual las ideas y las imágenes son todo lo que hay, “el edificio” es finalmente una cosa; y por muy buenas ideas que tenga detrás, no deja de ser una cosa En la cual las ideas se validan o anulan y no a la inversa.
La reducción de Toca a una necia preocupación “en Colombia” por si se parece o no a otro edificio es una banalización del problema planteado.. Como es una banalización la caricatura que hace Miquel Adriá al referirse a una arquitectura panamericana reaccionaria del “adobe y el tabique aparente”. O la igualmente versión aplanada de Rafael Patalano, según la cual los detractores de la biblioteca España parecerían estar en defensa de una arquitectura brasilera, colombiana o latinoamericana para la cual solo valdría lo “pobre y tosco”.
A la biblioteca España no se la ha criticado porque sus materiales no sean adobe o ladrillo, o porque no tenga apariencia popular, y tampoco porque sea un ícono. Lo que se ha destacado –según mi lectura de la correspondencia electrónica– es que el premio de la BIAU se le dio a una arquitectura mediática, pobremente concebida, e inapropiada funcional, ambiental y constructivamente. Se la ha criticado desde varios ángulos y motivos que en mi interpretación son los siguientes:
• Reclamar como principales valores arquitectónicos su potencia como ícono, desdeñando como anticuados y reaccionarios otros valores arquitectónicos como la ejecución y el funcionamiento.
• Presentarse como idea original cuando en realidad es una idea-imagen prestada, sin el debido reconocimiento de la fuente. O apropiarse sin reconocerlo de unas ideas estéticas documentadas en la revista El Croquis, alegando en cambio una actitud experimental y novedosa.
• Apropiarse de unas ideas políticas que son producto del encargo. Ideas que seguramente habrían sido aplicables a cualquier otro edificio hecho bajo las mismas reglas y en el mismo lugar.
• Estar pobremente construida sin aceptar que esto se debe a un diseño deficiente y no a la ineptitud del constructor.
• Presentar problemas de escala y dimensión, precisamente por privilegiar en exceso el valor icónico, y por apoyarse en el valor social, como pretexto para eludir el esfuerzo que requiere sacar adelante un edificio “experimental”.
• Menospreciar problemas de funcionamiento como biblioteca, en términos convencionales como el control del ruido y la iluminación natural.
• Menospreciar aspectos contemporáneos, igualmente experimentales y cada vez más apremiantes como la sostenibilidad bioclimática y ecológica.
Lo que se ha pedido por medio de estas críticas no es ningún nacionalismo, latinoamericanismo, regionalismo, panamericanismo o localismo culturalista, sino una arquitectura consecuente con la responsabilidad económica, técnica y ambiental que merece cualquier edificio, en especial una obra pública. Lo que se ha denunciado, desde el debate promovido desde el espacio de discusión “Esfera Pública”, es una pobreza proyectual según la cual se está pasando de una foto, a una maqueta, a un edificio; y de esto a un jurado al cual le parece que el resultado es impresionante en términos visuales y maravillosos en términos políticos. Con lo desviadas que puedan ser estas críticas y mi interpretación de las mismas, no ha habido intentos por refutarlas directamente sino por medio de la denuncia de una supuesta ideología nacionalista que poca importancia ha tenido dentro de lo dicho.
La síntesis de esta denuncia ideológica creo que se condensa en la estigmatización de Adriá, según la cual los opositores de la biblioteca están tratando de promover una arquitectura “sumamente reaccionaria, en línea con los postulados panamericanistas del adobe y el tabique aparente”. Esta suposición asume que a la biblioteca España se la critica por no estar mimetizada con la estética del desarrollo progresivo y no se le reconoce su carácter innovador. Como comprensión de las críticas anteriormente listadas, esta simplificación constituye una caricatura que evidencia poco o ningún conocimiento del medio, y poca o ninguna consideración por los temas planteados.
Por ejemplo, el argumento sobre la copia se ha fundamentado en una identificación de similitudes, sobre las cuales se podría argumentar que son “superficiales” y se podría refutar mediante la identificación de diferencias “profundas”. Pero esto no se ha hecho. En cambio, las argumentaciones recibidas caen en tautologías como que el edificio es bueno porque el proyecto es bueno o que un jurado honorable produce juicios honorables. O argumentaciones circulares como que la nueva arquitectura “es así”; lo demás pertenece a las ideas de un mundo viejo y reaccionario. O bien, que si el edificio tiene problemas constructivos se debe a que el constructor no respetó los planos. O que los posibles problemas funcionales son algo secundario, o por lo menos relativo, dado que los usuarios están orgullosos del edificio.
En todo caso, el problema denunciado como copia, no condena la adopción de una idea formal como parte legítima de un procedimiento proyectual; condena el hacer pasar la idea por original. Si al procedimiento no se le llamara copia sino adaptación, recreación o interpretación, la crítica no se modifica puesto que el problema consiste en que este edificio particular no constituye una producción experimental de forma mediante un procedimiento analógico que alude posiblemente a las montañas, sino la adopción de una idea-forma que ya pasó por un procedimiento de ideación artística similar y anterior. Una vez más: adaptar o recrear no se está invalidando como procedimiento; sólo el hacer pasar algo adaptado por una invención. Esto se podría refutar argumentativamente con la misma facilidad con que se ha denunciado, pero hasta el momento nadie lo ha hecho. Con lo cual, al eludir una respuesta o desdeñar el tema como algo de lo que no vale la pena hablar, se ha hecho evidente, por lo menos hasta el momento, que la idea-imagen de la forma sí pertenece a Chipperfield.
Respecto a la producción de formas “nuevas”, habría por lo menos dos actitudes proyectuales opuestas. Una, la de aquellos para quienes la búsqueda de la nueva forma se asocia al tema de la “experimentación formal”. La otra, la de los que buscan la “evolución” y el “perfeccionamiento” de un conjunto de temas recurrentes, en los cuales la novedad constituye un episodio que surge del cruce de factores entre la técnica, el encargo y la interpretación del lugar, en conjunción con las búsquedas personales del proyectista. Estas búsquedas, a propósito, pueden tener un trasfondo tan nacionalista o localista, como internacionalista o vanguardista. En cualquier caso, son la consistencia y el resultado final lo que las avala, no las intenciones. Y lo que las constituiría como arquitecturas “propias” sería la coherencia interna entre las obras producidas y la ideología o teoría que las impulsa.
Sobre el aspecto de exigir una arquitectura nacional, regional, internacional o global, la lectura de la correspondencia deja la impresión de una imprecisión generalizada. Pues si bien hay individuos interesados en recalar sobre lo local, también los hay a los que esto les parece irrelevante. De cualquier modo, una cosa es que los opositores reclamen una arquitectura con identidad nacional o regional y otra con identidad propia. Al hablar de una arquitectura “propia” se quieren decir muchas cosas, incluidas las versiones regionalistas pero mi deducción de la lectura del debate me lleva a creer que se trata de “propia” en el sentido de una investigación personal por parte de un autor o una firma. Si esta búsqueda se acompaña de intenciones moderadas o ambiciosas, locales o universales, es cuestión de cada proyectista. La crítica principal aplicada a la biblioteca España diría que ésta adolece de algo similar a la carencia de una búsqueda que no pasa de ser un experimento formal sin la consecuencia técnica y espacial equivalente. Es decir, un experimento formal carente de profundidad y consistencia arquitectónica. Si éste o cualquier otro concurso quiere premiar este o cualquier otro tipo de trabajos, adelante, pero con criterios públicos dados a conocer apropiadamente. Con lo cual me refiero a que las instituciones que convocan especifiquen con anterioridad bajo qué criterios van a premiar (arquitectura y gestión política, por ejemplo) para que los jurados se ciñan en sus explicaciones a los criterios de la convocatoria. De lo contrario, los jurados acaban convertidos, además, en legisladores.
Lo anterior plantea a mi modo de ver dos problemas mediante los cuales propongo nuevamente que el debate trascienda el premio y el fallo BIAU, y las meras opiniones personales sin desarrollo argumental.
1. Juzgar un edificio sin conocerlo.
Dado el tamaño de una muestra cualquiera, puede ser física y económicamente imposible que un jurado idóneo la visite personalmente, hay que considerar si vale la pena insistir en que un edificio se juzgue incluyendo la experiencia de la obra, o si basta con la información contenida en planos, fotos y textos.
2. Penalizar la copia.
Dado que para convertir en delito una posible copia, tendría que haber una legislación que la reglamente, una policía que la vigile y un mecanismo de castigo para su incumplimiento, hay que considerar si vale la pena insistir en que la omisión de referencias constituye un delito, como ocurre en literatura; o si basta incorporar a la cultura arquitectónica, desde la universidad y a través de la noción de investigación, la costumbre de diferenciar, como en cualquier trabajo académico, en qué consiste el aporte de un trabajo y cuáles son sus fuentes.
Si preguntáramos hasta dónde vale la pena recorrer estos caminos, para el primer caso no tengo una opinión formada. Para el segundo, no dudo que el camino a recorrer debería ser el de la discusión y la definición de convenciones culturales y académicas; en ningún caso el camino policivo. En las universidades, por ejemplo, existen comités de copia que juzgan sobre trabajos y exámenes escritos pero en ningún caso sobre proyectos arquitectónicos. En principio, sólo bastaría la “censura” de la comunidad académica y profesional, pero si se le quiere dar importancia al tema de la originalidad y la investigación, para que las ideas arquitectónicas se sometieran a procesos similares a los de otras disciplinas, habría que reformular el objetivo, por lo general inexplícito, de formar artistas prematuros cuyo mayor interés es la originalidad.
* * *
He aprovechado las aclaraciones de Antonio Toca para hacer lo que he llamado un análisis del debate y para refutarlos principalmente a él y a Miquel Adriá. Ahora, para terminar, advierto que tengo un interés personal por el tema de los criterios de juicio que se han aplicado en las bienales colombianas. Hecha esta aclaración de mi parte, invito entonces a Antonio Toca a tomar parte activa en este debate y responder unas preguntas, bajo la hipotética situación de que para la próxima bienal fuera invitado no como jurado sino como asesor.
Después de aceptar o rechazar las críticas consignadas en este análisis, dada la apertura demostrada por Toca y su experiencia en la BIAU, y considerando el alboroto causado por el fallo y el edificio, consideraría las eventuales respuestas de alguien como Antonio Toca, un punto de referencia de gran valor no sólo para mi interés personal sino para el debate en cuestión. Considero que las preguntas son de interés general por lo cual extiendo la invitación a quienes les pueda interesar, a debatir tanto conmigo como con todos aquellos de los cuales me estoy convirtiendo en vocero, al incluir sus opiniones en el análisis. Las preguntas son:
¿Cuáles serían las virtudes arquitectónicas para juzgar un edificio que usted recomendaría aplicar en la próxima bienal?
¿Cuál sería el peso de lo icónico, y cuál el de lo político, dentro del anterior conjunto de criterios? ¿Serían éstos los aspectos principales, deberían ser otros, o no debería haber algo como “aspectos principales”?
¿Qué otras recomendaciones, además de las anteriores, le haría a la organización en calidad de asesor?
Desde luego, las preguntas son abiertas pero de manera especial se las dirijo a quien no sólo fue uno de los jurados de la BIAU sino que tuvo la valentía de aventurarse en un medio ajeno al propio y altamente revuelto.
Juan Luis Rodríguez
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Cartas de Antonio Toca dirigidas a Guillermo Fischer el 12 y 13 de agosto de 2008
Agosto 12
Con mucho interés he leído los comentarios que se han producido en Colombia con relación al premio que en la VI Bienal de Arquitectura Iberoamericana (BIAU) se otorgó a la Biblioteca pública Parque España, en la ciudad de Medellín.
Como formé parte del jurado, me parece que tengo la obligación de responder a algunos de los comentarios que se han publicado con relación a este resultado.
Debo de comenzar aclarando que, al igual que muchos colegas, he participado en numerosas bienales y concursos públicos y, en la mayoría, he perdido. He ganado algunos, de los cuales el más importante ha sido -curiosamente- el de la Nueva Biblioteca Pública para el Estado de Jalisco en México; en el que participaron 264 arquitectos de 44 países. Por eso y por hecho de que he sido además profesor y crítico de la arquitectura me considero suficientemente preparado para actuar como parte del jurado en el que estuvieron también Ricardo Carvalho de Portugal; Beth Galí y Miguel Hernández de León de España; Rosa Grena de Brasil y Nelson Inda de Uruguay.
Creo que las críticas al resultado de la VI BIAU son producto de la ignorancia, que asume que un premio fue el único resultado de toda la actividad de la Bienal. Me explico: la BIAU tiene tres programas básicos: Premios a las obras de arquitectura, en tres modalidades; Premios a las publicaciones asimismo en tres categorías y Premios a los proyectos de investigación; además de otros Programas paralelos: el 1er. concurso y Muestra de mujeres arquitectas y urbanistas iberoamericanas; la 2ª. Muestra de jóvenes arquitectos iberoamericanos y el 3er. Concurso de ideas de arquitectura en la red para estudiantes. Toda esa actividad demuestra las diversas líneas de actuación que la BIAU estimula, siempre con la mirada puesta en el mundo universitario y profesional, y en la esfera institucional y social. De manera que asumir -como se ha publicado- que el resultado de una categoría es: evidencia de los desatinos de un metalenguaje encriptado, cuya insufrible prepotencia intelectual nos muestra otra vez más, la ausencia de la pertinencia como un atributo infaltable de todo juicio crítico es tanto injusto, como incorrecto. Las conjuras, complots y crímenes son muy estimulantes en una novela, pero no es correcto suponerlas en un concurso público, con el prestigio y la calidad de sus resultados como el que se ha conseguido en la BIAU.
Comparto, desde hace mucho tiempo, la preocupación de numerosos colegas en Latinoamérica por lograr una arquitectura digna y de calidad, que se relacione con nuestra cultura y entorno físico. Eso me llevó a sostener un regionalismo radical que contraponía a la creciente corrosión de la arquitectura banal, alienada y espectacular, que se promueve en numerosos medios de comunicación masiva. Sin embargo, creo que nuestros nacionalismos, aunque no han tenido los rasgos delirantes del fascismo y del comunismo reales, si portan un virus muy peligroso y cuyos resultados son evidentes: un conservadurismo disfrazado de buenas intenciones, que se niega a entender que no se puede vivir encapsulado en un tiempo ya pasado o imaginado.
Estoy convencido que la calidad de las obras que fueron seleccionadas en la VI BIAU ofrece un panorama auténtico y representativo de corrientes arquitectónicas extremadamente valiosas y enraizadas en una modernidad reinterpretada en base a los recursos y las situaciones locales.
En este sentido se destacó el Parque y Biblioteca España, del Estudio de Arquitectura Giancarlo Mazzanti & Arquitectos Ltda., de la Ciudad de Medellín en Colombia, como Premio a la Mejor Obra de Arquitectura, considerada por el jurado como una obra de profunda significación cultural, que cumple con la finalidad del Programa de Inclusión Social en el cual se desarrolló. Me parece que se trata de una arquitectura que contribuye a potenciar la calidad de vida y la integración social en la periferia urbana de Medellín.
Sin embargo esa obra no fue la única, se premió también la Casa Pentimento en Ecuador, de los arquitectos José María Sáez y David Barragán, como la Mejor Obra de Joven Autor, considerada como una verdadera lección de arquitectura de austera realización.
Por otra parte, el Premio a la Mejor Obra de Arquitectura de Espacio Urbano demostró que es posible realizar con un manejo calificado e ingenioso de modestos materiales, espacios públicos de alta calidad. La Plaza Turca de la pequeña Ciudad de Juazeiro en Bahía del Brasil, del Estudio SETE 43 Arquitectura, es una prueba de ello.
El Premio a la trayectoria profesional le fue otorgado al arquitecto uruguayo Mariano Arana. Arana; que es profesor de historia de la Facultad de Arquitectura y ha tenido una singular actuación profesional y política. En su momento fue impulsor y proyectista de Conjuntos de Vivienda de Ayuda Mutua enmarcadas en el Sistema Cooperativo Uruguayo. En plena dictadura Cívico-Militar lideró el Grupo de Estudios Urbanos de defensa de los valores permanentes del Casco Histórico de Montevideo. Ha sido Intendente de Montevideo en dos períodos de gobierno, Senador de la República y en los últimos años Ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, lo que muestra una personalidad esencialmente culta, polemista y solidaria con los ciudadanos de Uruguay.
La VI BIAU reconoció de esta manera a obras comprometidas con la realidad social y cultural iberoamericana, manifestada en reconocimientos testimoniales a obras y trayectorias profesionales caracterizadas por la coherencia y el oficio.
Imaginar conjuras para premiar obras que son burda copia de las que aparecen en revistas como Croquis, es simplemente, equivocarse de enemigo.
La prueba es que, en la V BIAU se premió un modestísimo Colegio en la Amazonia, en Bolivia; a pesar de que en esa ocasión se recibieron 208 obras, de las cuales se seleccionaron 34. Entre las que destacaban el edificio Cube, de Carme Pinós; el Musac, de Mansilla y Tuñón; y el Estadio de Braga, de Souto de Moura. En la pasada BIAU se tuvieron 207 obras, de las cuales se seleccionaron 35, con 9 obras de Portugal, entre las que destacaban el Fluviario de Mora, el Mercado público de Comenda y el Teatro de Guarda. Colombia tuvo una extraordinaria participación, con 4 obras: los Parques bibliotecas España y San Javier y el Orquideorama, en Medellín, y la Sala para exposiciones temporales en Bogotá.
Hay que aclarar también que el equipo del arquitecto Mazzanti había participado antes en la V BIAU, con el Centro de convenciones de Medellín.
Son estas pruebas de que, a diferencia de otros foros y publicaciones, la BIAU es un ejemplo tanto de calidad en sus resultados, como compromiso con la mejor y más valiosa arquitectura y espacios públicos en Iberoamérica.
Antonio Toca Fernández
Agosto 13
Estimado arquitecto Fischer:
Me da mucho gusto que me escribiera. Por supuesto que tiene autorización para insertar el artículo en el Bolg que menciona.
Veo que la obra ganadora le preocupa a algunos en Colombia, por su parecido con la Casa de la Música de Koolhaas en Lisboa. Conozco la obra, que me parece completamente olvidable; pero hay que recordar que Koolhaas no es arquitecto, sino guionista y es un experto en autopromoverse, tomándole el pelo a los norteamericanos, lo cual no ha sido difícil.
Personalmente me importa poco este parecido. Creo que si lo hay, sería lamentable. Sin embargo, creo que esa obra y las demás del programa social que realizó el gobierno de Medellín es asombrosa y me dio mucho gusto que se premiara esa obra. Yo estuve renuente a hacerlo; sin embargo, al darme cuenta de que era una de esa obras, apoyé el premio.
Creo que las analogías, o las copias en arquitectura es un asunto vergonzoso que no se menciona, como los pecados de la familia.
Le reitero mi agradecimiento y quedo a su disposición para cualquier aclaración que crea conveniente.
Un saludo
Antonio Toca Fernández
Columna de opinión de Miquel Adriá, publicada en La Reforma de México el 20 de mayo de 2008
ARQUITEXTOS/ biblioteca en Medellín
Iberoamérica es un territorio forzado. Algo así como la Commonwelth -unida por lazos históricos y lingüísticos-, Iberoamérica responde a situaciones económicas, sociales y culturales bien diversas. Tiene algo de babélico, con lenguas comunes y significados distintos. Y eso tiene su atractivo.
Este año Lisboa fue la sede de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo en su sexta edición. La BIAU fue creada en 1998 por el Ministerio de Vivienda de España como iniciativa para activar la comunicación y la cooperación entre los arquitectos de América Latina y los de Portugal y España. Es una organización institucional conformada por ministerios y secretarías, instituciones académicas y colegios de arquitectos que, si bien tienen los mismos nombres en distintos países, también tienen significados diversos. No es lo mismo, por ejemplo, un colegio de Arquitectos en España que en México.
Esta Bienal que ha tenido como sedes a Madrid, México D.F., Santiago de Chile, Lima, Montevideo y ahora Lisboa, está financiada por España con el apoyo local de las sedes en turno, imprimiendo jerarquías y clientelismos en la misma organización, si bien no deja de ser un buen foro de debate sobre la arquitectura y urbanismo que reconoce la diversidad como factor de identidad en el espacio cultural iberoamericano.
En esta convocatoria el ganador del Premio a la Mejor Obra resultó ser el parque-Biblioteca España del barrio de Santo Domingo Savio de Medellín, Colombia, proyectado por Giancarlo Mazzanti. Esta obra singular conformada por tres rocas negras incrustadas en la montaña desde donde se abren las vistas sobre la ciudad, se fragmenta en biblioteca, ludoteca, salones para la comunidad y áreas abiertas rebosantes de niños, para insertarse en el denso magma de chavolas autoconstruidas sobre una empinada topografía. Para acceder a este barrio marginal, al que ni la policía se atrevía a entrar, se ha construido el espectacular teleférico Metrocable, conectado a la red del Metro. La biblioteca forma parte de un plan estratégico del gobierno municipal saliente que ha resultado ser ejemplar, con otros parques bibliotecas -de las que el mismo Mazzanti es autor de una de ellas-, escuelas públicas modélicas, centros de desarrollo empresarial para vecinos que proceden de la marginalidad, peatonalización del centro y nuevos parques.
Sin embargo, parece que todo ello no basta –buena arquitectura al servicio de un proyecto social y de regeneración urbana- y un grupo notable de arquitectos sumamente reaccionarios, en línea con los postulados panamericanistas que sólo ven arquitectura en el adobe y el tabique aparente, han agredido ferozmente -por los pocos medios que les quedan- al proyecto ganador: no lo sienten suficientemente latinoamericano. No es auténtico. ¿Será?
La bienal incluyó a más de ochenta participantes oficiales entre jurados, delegados e invitados, veintidós países, seis mesas redondas y seis conferencias a cargo de Charles Correa, Mariano Arana, Manuel Aires Mateus, Paulo Mendes da Rocha, Joaquím Sabaté y Álvaro Siza. Magistrales todas. Y si Mendes da Rocha sólo mostró croquis para expresar ideas, el maestro –entre maestros- portugués se limitó a mostrar un conjunto de viviendas de interés social de treinta años atrás, con detalles de la construcción y dudas del proceso: arquitectura pura.
A los tradicionales premios destinados a Obras, Publicaciones e Investigación, se sumaron por primera vez el Primer Concurso de Mujeres Arquitectas, la Muestra de Jóvenes Arquitectos Iberoamericanos y el Concurso de Ideas en la Red.
La Casa Pentimento en Ecuador, de José María Sáez y David Barragán fue ganadora del Premio a la Obra de Joven Autor y el Premio en la categoría de Espacio Urbano lo obtuvo la Plaza Turca en Juazeiro, Brasil, del Estudio SETE 43. El Premio a la Trayectoria le fue otorgado al arquitecto uruguayo Mariano Arana quien dio una excelente plática sobre Eladio Dieste e impregnó de optimismo al encuentro.
De las veinte obras mexicanas presentadas sólo quedaron finalistas una casa de Mauricio Rocha y la Estación de Bomberos Ave Fénix, en la ciudad de México (proyectada por at103/Julio Amezcua, Francisco Pardo y bgp arquitectura/Bernardo Gómez-Pimienta, Hugo Sánchez), que probablemente a los herederos de la ‘quena y el cóndor pasa’, parafraseando al maestro Ricalde, tampoco les parecería suficientemente latinoamericana.
Miquel Adriá
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